O cómo pasar de denunciar la ingeniería fiscal de Uber a llamar «paraíso fiscal» al taxi

OPINIÓN: Las dos caras de un abogado

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Hay personas que cambian de opinión. Ocurre. La vida da vueltas, uno madura, descubre nuevas evidencias, y un día piensa distinto de lo que pensaba ayer. No tiene nada de malo. Pero hay personas que no cambian de opinión: cambian de nómina. Y entonces la opinión cambia sola, como por arte de magia, en la dirección exacta que conviene a quien firma el cheque.

Este artículo trata de una de esas personas. Se llama Emilio Domínguez del Valle. Es abogado. Y su historia se cuenta con sus propias palabras.

Acto primero: el defensor del taxi

En febrero de 2019, Domínguez del Valle era Secretario Técnico de la Federación Española del Taxi (FEDETAXI), la principal organización del sector en España. Representaba a la Gremial de Madrid, al STAC de Catalunya, a miles de familias que viven del taxi. Y escribía cosas como estas en El Español:

«Si no regulamos eficazmente esta realidad, el modelo de negocio de plataformas desreguladas acabará por empobrecernos a todos, no sólo a los taxistas.»

«Debe establecerse un arbitraje regulatorio e impositivo, para que las plataformas no eludan los impuestos que tienen que afrontar los proveedores tradicionales.»

«Si la ingeniería fiscal de estas multinacionales les permite eludir esa responsabilidad, habrá que arbitrar otra fórmula que impida más tretas en perjuicio de nuestra Hacienda.»

Bonitas palabras. Yo las leí en su momento y pensé: este hombre entiende el problema. Hablaba de «ingeniería fiscal», de «tretas», de «multinacionales que eluden impuestos». Denunciaba que las plataformas iban a arruinar a los taxistas una vez cayeran presos en sus redes comerciales. Era nuestro abogado. Hablaba por nosotros.

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Acto segundo: el giro

En 2020, algo empezó a cambiar. Los artículos de Domínguez del Valle ya no defendían al taxi con la misma convicción. Empezó a decir que el sector «se tenía que diluir en las plataformas porque no existe escapatoria frente a las mismas». Ya no eran el enemigo: eran el destino inevitable.

En 2021, Emilio Domínguez del Valle se convirtió en abogado de la empresa de transportes Uber.  De «la ingeniería fiscal de estas multinacionales» a cobrar de la multinacional. En menos de dos años.

Acto tercero: el «paraíso fiscal»

Este mismo lunes 1 de junio de 2026, Domínguez del Valle publicó en El Economista un artículo titulado «El sector del taxi es un paraíso fiscal». Firma como «abogado, experto en movilidad y transportes». No firma como abogado de Uber. En el mismo artículo dice: "Todos estos privilegios fiscales convierten el régimen de módulos en un verdadero paraíso fiscal"

El «paraíso fiscal» del que habla es el régimen de módulos: un sistema legal que Hacienda aplica a centenares de miles de autónomos en toda España —fontaneros, electricistas, peluqueros, agricultores—. La reducción es del 5% sobre el rendimiento neto. No es un privilegio del taxi: lo tiene cualquier autónomo en módulos.

Pero hay algo más. Algo que un «abogado experto en movilidad y transportes» debería saber. Desde septiembre de 2022, el Tribunal Económico-Administrativo Central (TEAC) estableció como doctrina vinculante que los conductores de VTC también pueden tributar por módulos, exactamente igual que los taxistas. La razón es que el Epígrafe 721.2 del IAE («Transporte por autotaxis») comprende expresamente «el transporte de viajeros en automóviles con taxímetros y otros automóviles de alquiler con conductor (taxis, gran turismo), coches de punto, etcétera». La Dirección General de Tributos cambió su criterio para alinearse con el TEAC en noviembre de 2023 (Consulta Vinculante V2719-23).

Es decir: el «paraíso fiscal» que Domínguez del Valle atribuye en exclusiva al taxi se aplica exactamente igual a los conductores de VTC. Ante esto, solo caben dos explicaciones. O lo sabe y oculta deliberadamente esta información para atacar al taxi ante la opinión pública —lo que lo convierte en un intoxicador interesado—, o no lo sabe —lo que lo convierte en un abogado sorprendentemente mal informado sobre el sector del que se presenta como experto—. En cualquiera de los dos casos, su artículo no se sostiene.

Pero lo importante no es lo que dice. Lo importante es lo que no dice: quién le paga y cómo tributa la empresa que le paga.

El verdadero paraíso fiscal

Porque mientras Domínguez del Valle llama «paraíso fiscal» a una reducción del 5% para un taxista que se levanta a las cinco de la mañana, su cliente Uber tiene montado lo siguiente:

Uber estableció su centro financiero global en los Países Bajos. Una filial holandesa recibe los pagos de clientes de todo el mundo. El Consorcio Internacional de Periodismo de Investigación (ICIJ) lo describió como «el centro financiero de Uber para gran parte del mundo, situado en los Países Bajos, un paraíso fiscal corporativo» (a corporate tax haven).

En 2019, una filial holandesa compró la propiedad intelectual de Uber a una sociedad pantalla en Bermuda —sí, Bermuda— usando un préstamo de 16.000 millones de dólares de la filial de Singapur. Según el centro de investigación CICTAR, «Uber estructuró el préstamo para reducir sus ingresos imponibles en un estimado de 1.000 millones de dólares anuales durante dos décadas». Esto creó, según CICTAR, «un refugio fiscal holandés de 8.000 millones de dólares».

El Parlamento Europeo cuestionó formalmente si la estructura fiscal holandesa de Uber constituía ayuda de Estado ilegal, estimando que «el fraude fiscal de Uber cuesta a los Países Bajos alrededor de 325 millones de euros anuales».

Resumo: Bermuda, Singapur, Países Bajos, 50 empresas pantalla holandesas, un préstamo de 16.000 millones entre filiales, un refugio de 8.000 millones, 556 millones de impuestos evitados en un año. Y el Parlamento Europeo preguntando si todo esto es legal. Eso es un paraíso fiscal. Una reducción del 5% para un autónomo en módulos no lo es ni de lejos.

Pero lo de Domínguez del Valle no es un caso aislado. Es un patrón. Y lo sabemos porque lo documentaron 124.000 documentos internos de Uber filtrados en julio de 2022 por Mark MacGann, exdirector de lobby de la empresa en Europa.

Domínguez del Valle encaja en este patrón como un guante. Un profesional con credibilidad en el sector objetivo —nada menos que el exsecretario técnico de la principal organización del taxi en España—, que pasa a producir contenido favorable a Uber en medios de comunicación españoles. Lleva cinco años haciéndolo. Y en todos estos años, ni una sola vez ha firmado como «abogado de Uber». Siempre como «abogado experto en movilidad y transportes». El lector no sabe que está leyendo una pieza de lobby pagado. Piensa que lee la opinión de un experto independiente.

Es exactamente lo que los Uber Files documentaron a escala global. La única diferencia es que en este caso no es un académico desconocido: es el hombre que hasta hace poco defendía al taxi ante las instituciones españolas.

Domínguez del Valle no dedica una sola línea a nada respecto a la financiación ni a quién está detrás de las VTC que operan en España. Ni a Bermuda. Ni a Singapur. Ni a las Islas Vírgenes. Ni a King Street. Ni a Betancourt. Ni a los 124.000 documentos que demuestran que su cliente es una máquina de lobby y evasión fiscal a escala planetaria. Para él, el problema fiscal del transporte en España es que un taxista tiene una reducción del 5% en módulos.

Los hechos están ahí, negro sobre blanco, con fecha, fuente y enlace. Que cada cual saque sus conclusiones.

Este artículo de opinión ha sido elaborado por un colaborador eventual. Las afirmaciones, valoraciones y opiniones contenidas en él son de su exclusiva responsabilidad y no comprometen ni representan la posición editorial de este medio.