Diez años de taxi eléctrico: por qué el sector sigue lejos de la electrificación prometida
Hace diez años, el taxi eléctrico parecía destinado a convertirse en el gran protagonista de la movilidad profesional. Los fabricantes anunciaban autonomías cada vez mayores, las administraciones impulsaban ayudas para la renovación de flotas y los primeros taxistas que apostaban por un vehículo 100 % eléctrico aseguraban haber reducido drásticamente sus costes de explotación.
Sin embargo, la realidad en 2026 dibuja un panorama muy diferente. Según los últimos datos publicados por El País, apenas el 5,9 % de los cerca de 61.000 taxis que circulan en España son completamente eléctricos. Una cifra que contrasta con el optimismo que rodeó la electrificación del sector durante la última década.
Lo cierto es que este escenario no ha llegado por sorpresa. La Gaceta del Taxi lleva años recogiendo tanto las oportunidades como los obstáculos que han marcado la evolución del taxi eléctrico en España.
Los pioneros ya hablaban del ahorro... y de las dificultades
En 2016, cuando los vehículos eléctricos apenas comenzaban a verse en las paradas de taxi, La Gaceta del Taxi entrevistó a dos de los pioneros madrileños que habían apostado por un Nissan Leaf para trabajar.
Entonces ya destacaban las importantes ventajas económicas del vehículo eléctrico. El ahorro en combustible era evidente, el mantenimiento resultaba mucho más reducido y la experiencia de conducción convencía a quienes daban el paso.
Sin embargo, aquellos mismos profesionales advertían de que la autonomía disponible entonces y la escasez de puntos de recarga obligaban a planificar cuidadosamente cada jornada de trabajo. Eran limitaciones que parecían temporales y que el sector confiaba en superar rápidamente con la evolución tecnológica.
Pocos meses después, también recogíamos la experiencia de otros profesionales que aseguraban reducir hasta un 60 % el gasto mensual en energía respecto a un vehículo convencional, reforzando la idea de que la rentabilidad del taxi eléctrico era una realidad para quienes conseguían adaptarlo a su forma de trabajar.
La homologación apareció como el gran freno
Con el paso de los años, el problema dejó de ser únicamente tecnológico. En 2021, La Gaceta del Taxi publicó un amplio análisis en el que advertía de que el verdadero cuello de botella estaba en el sistema de homologación de vehículos para taxi.
Mientras el mercado incorporaba cada vez más modelos eléctricos, muy pocos conseguían autorización para prestar servicio como taxi, especialmente en ciudades como Madrid. El resultado era una oferta muy limitada para los profesionales que querían renovar su vehículo.
A ello se sumaban otras reivindicaciones históricas del sector, como la instalación de puntos de recarga rápida en las paradas de taxi, la simplificación de los trámites administrativos y el mantenimiento de ayudas específicas para facilitar la transición energética.
Los fabricantes aceleran, pero siguen existiendo barreras
Modelos como el Tesla Model Y, el Toyota bZ4X, el Kia EV4, el Skoda Enyaq, el BYD Seal, el XPENG G6 o la Ford E-Transit Custom se han incorporado progresivamente al catálogo de vehículos autorizados para prestar servicio como taxi en distintas ciudades españolas.
Los fabricantes han mejorado notablemente la autonomía, reducido los tiempos de recarga y ampliado la gama de vehículos disponibles para el transporte profesional.Sobre el papel, muchas de las barreras tecnológicas existentes hace una década han desaparecido.
Pese a ello, la electrificación continúa avanzando a un ritmo muy inferior al esperado.
El elevado precio de adquisición, la incertidumbre sobre el valor de reventa, las diferencias entre normativas municipales, la falta de infraestructura de carga en determinadas zonas y las largas jornadas de trabajo propias del taxi siguen pesando en la decisión de muchos profesionales.
A ello se suma un elemento que el propio sector lleva años repitiendo: la rentabilidad de un taxi no depende únicamente del consumo energético, sino también de la capacidad para mantener el vehículo trabajando durante el mayor número posible de horas al día.
Sin embargo, también hay taxistas que sostienen que el debate sobre la viabilidad del vehículo eléctrico ya está superado. Es el caso de Jorge Cristóbal, con quien hablamos hace unos meses y que, tras varios años trabajando con un vehículo 100 % eléctrico, afirmaba con rotundidad que "volver a un coche de combustión sería como retroceder décadas". En su caso, destacaba no solo el ahorro económico, sino también el confort de conducción, la ausencia de averías mecánicas habituales y la posibilidad de completar sin problemas su jornada de trabajo gracias a la evolución de la autonomía y de la infraestructura de recarga.
Su experiencia refleja que, cuando las condiciones de trabajo y de recarga lo permiten, muchos de los primeros recelos desaparecen y el vehículo eléctrico deja de percibirse como una apuesta de futuro para convertirse en una herramienta de trabajo plenamente consolidada.
Una transformación más lenta de lo previsto
Mirando atrás, resulta llamativo comprobar que muchas de las cuestiones que preocupaban a los primeros taxistas eléctricos siguen formando parte del debate actual.
La tecnología ha avanzado de forma notable. También lo ha hecho la oferta de modelos y la implicación de los fabricantes. Sin embargo, la implantación del taxi eléctrico continúa condicionada por factores económicos, regulatorios y operativos que van mucho más allá del propio vehículo.
Quizá la principal enseñanza de esta última década sea precisamente esa. La electrificación del taxi no depende solo de fabricar mejores coches. Requiere una estrategia conjunta en la que participen administraciones, fabricantes, operadores energéticos y el propio sector para que el cambio resulte realmente viable para quienes viven cada día de su licencia.
Diez años después de las primeras entrevistas publicadas por La Gaceta del Taxi, el debate ya no gira en torno a si el taxi eléctrico es posible. La experiencia de cientos de profesionales demuestra que lo es. La cuestión sigue siendo otra: cuándo existirán las condiciones necesarias para que deje de ser una opción minoritaria y se convierta en la alternativa mayoritaria para la flota española.