La alergia al volante, un riesgo añadido para los taxistas durante la primavera

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Según la Organización Mundial de la Alergia (OMA), entre el 20% y el 25% de la población mundial sufre alguna enfermedad alérgica. La cifra podría alcanzar el 50% en 2050 debido a factores como el cambio climático, la contaminación atmosférica y la prolongación de las temporadas de polinización, según los expertos.

Los estornudos, el lagrimeo, el picor ocular o la congestión nasal son síntomas muy molestos en el día a día de cualquier persona. Sin embargo, cuando hablamos de profesionales del volante, la alergia también puede convertirse en un factor de riesgo en la conducción, al interferir directamente en su capacidad de atención y reacción.

Cuando se pasan tantas horas al volante, como en el caso de los taxistas, la situación adquiere una relevancia especial. Los trayectos continuos por entornos urbanos, el tráfico intenso y la necesidad de mantener una atención constante convierten cualquier distracción o limitación física en un posible problema de seguridad.

En este sentido, uno de los principales riesgos son los episodios de estornudos repetidos. Un estornudo puede implicar varios segundos sin visibilidad ni control total del vehículo, especialmente cuando se producen de forma encadenada. En circulación urbana, donde las frenadas inesperadas, los pasos de peatones, los cambios de carril o la presencia de bicicletas y motocicletas obligan a reaccionar rápidamente, cualquier pérdida momentánea de atención puede resultar peligrosa.

A ello se suma el lagrimeo constante o el picor de ojos, que pueden dificultar la visión y aumentar la sensación de incomodidad durante la conducción. La congestión nasal y la fatiga asociada a los procesos alérgicos también pueden influir en la concentración, especialmente en jornadas largas o en momentos de tráfico denso.

También es importante tener en cuenta que muchos tratamientos utilizados para combatir los efectos de la alergia, como los antihistamínicos, pueden provocar somnolencia o una disminución de reflejos, afectando directamente a la capacidad de reacción al volante.

Por eso, lo más recomendable es adoptar medidas preventivas que ayuden a reducir los riesgos y mejorar tanto la seguridad como el confort de los conductores profesionales durante la primavera. Entre consejos más habituales se encuentra evitar conducir en los momentos de mayor concentración de polen, especialmente a primera hora de la mañana y al atardecer, aunque esto no siempre sea posible.

También es recomendable mantener las ventanillas cerradas y utilizar sistemas de ventilación con filtros adecuados para minimizar la entrada de partículas al interior del vehículo. Precisamente, mantener el habitáculo limpio de polvo y polen, que pueden acumularse fácilmente en alfombrillas, tapicerías y superficies del habitáculo, es importante para reducir los elementos alérgenos en el interior del vehículo.

Utilizar gafas de sol para disminuir la irritación ocular provocada por el polen y otros agentes ambientales o realizar pausas frecuentes, también pueden ser consejos útiles para reducir los efectos de la alergia.

La primavera representa un periodo especialmente complicado para muchas personas alérgicas y, en el caso de los taxistas, los efectos pueden tener un impacto directo en la actividad diaria. Mantener la atención al volante y reducir al máximo las distracciones sigue siendo fundamental para garantizar la seguridad tanto de los conductores como de los pasajeros./TAMBIÉN ES NOTICIA