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Praga prevé que a partir de 2030 solo puedan operar taxis eléctricos o de hidrógeno

Taxi en Praga. Depositphotos

El Ayuntamiento de Praga ha preparado una revisión de las condiciones para la prestación del servicio de taxi que establece que, a partir del 1 de enero de 2030, solo podrán operar en la ciudad vehículos que utilicen exclusivamente electricidad o hidrógeno. La medida forma parte de un decreto de carácter general que aún debe ser aprobado por el consistorio en su próxima reunión.

Según la propuesta municipal, el cambio se introducirá de manera gradual para facilitar la adaptación del sector. Como paso previo, desde el 1 de agosto de 2027 únicamente podrán prestar servicio de taxi los vehículos que cumplan al menos la norma de emisiones EURO 6d, antes de dar el salto definitivo a una flota de cero emisiones en 2030.

Un sector con alto impacto ambiental

La ciudad justifica esta decisión por la evolución negativa del parque de taxis en los últimos años. Actualmente, la edad media de los vehículos de taxi en Praga supera los 10 años, mientras que el número de vehículos con normativas de emisiones EURO 4 y EURO 5 continúa aumentando. A ello se suma el fuerte crecimiento del sector: el número de taxis registrados ha pasado de menos de 3.000 en 2017 a más de 16.000 en 2024.

Además, los taxis recorren diariamente muchos más kilómetros que los turismos privados. Según los datos municipales, un taxi en Praga realiza entre 250 y 300 kilómetros al día, y en el caso de los vehículos que operan a través de plataformas digitales esta cifra es incluso mayor. Esto implica un mayor desgaste de los vehículos y un impacto ambiental significativamente superior.

El teniente de alcalde de Transporte de Praga, Jaromír Beránek, señala que incluso un vehículo de combustión adquirido hoy alcanzaría en pocos años un kilometraje muy elevado, situándose al final de su vida útil antes de 2030.

Objetivo: cumplir los límites de contaminación

Desde el Ayuntamiento subrayan que el objetivo de la medida no es limitar el servicio de taxi, sino mejorar su calidad como servicio público y reducir su impacto sobre la salud de los residentes. "El transporte es la principal fuente de contaminación atmosférica en Praga. Si queremos cumplir con los límites más estrictos vigentes a partir de 2030, debemos empezar por los segmentos con mayor tránsito en la ciudad. El servicio de taxis es uno de ellos", afirma Beránek.

La capital checa considera que la disponibilidad del servicio no se verá comprometida, ya que el posible aumento de los costes se situaría en el entorno de unas pocas coronas por kilómetro y podría no trasladarse íntegramente a los precios finales debido a la elevada competencia existente.

Infraestructura de recarga prevista para 2030

De cara a la entrada en vigor de la obligación de operar únicamente con taxis eléctricos o de hidrógeno, la ciudad asegura haber verificado que la infraestructura será suficiente. Para 2030 se prevé la existencia de 4.000 a 4.500 puntos de carga lenta, entre 150 y 200 estaciones rápidas y ultrarrápidas, con capacidad para atender entre 70.000 y 120.000 vehículos eléctricos. El desarrollo de esta red se realizará en colaboración entre la ciudad, inversores privados y operadores de taxi.

Esta revisión de las condiciones técnicas se suma a otras medidas adoptadas por Praga para regular el sector, como el endurecimiento de los requisitos para los conductores, la ampliación de las obligaciones de registro para las plataformas digitales y una mayor supervisión del cumplimiento de la normativa.

"El servicio de taxi debe ser seguro, justo y profesional. Las nuevas normas establecen un marco claro que ha faltado durante mucho tiempo", concluye el teniente de alcalde Jaromír Beránek.